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27/12/2018

El Tonto De Las Luces [Es]: Cerca de casa: sobre Neleonard en Ultra-Local

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Hay lugares muy especiales cerca de casa. A veces deseas estar lejos, viajar, conocer otros sitios, conocer otras personas, y sumar así experiencias de esas que dan envidia, de esas que amplían conocimiento. Pero hay otras veces que solo deseas estar en casa, entre amigos, haciendo lo que más te gusta, sea lo que sea lo que más te gusta. Ultra-Local Records es uno de esos lugares especiales; una tienda de discos que, además, es un corazón. Y lo digo de un modo literal. Es un corazón que se contrae y se relaja rítmicamente, un corazón que bombea música y amistad a todas las personas que entran por su puerta. Allí encuentras cualquier disco que quieras, allí te tomas algo en una neverita azul, allí escuchas y ves bandas maravillosas como si estuvieran tocando en el salón de tu casa. Cuenta la leyenda que Yo la Tengo compran allí cuando vienen a Barcelona, y lo más bonito es que no es leyenda, sino de nuevo literalidad.

Pues bien, el pasado domingo 23 de diciembre, Carme y Raül organizadon su Concert de Nadal, y lo hicieron con Neleonard, una banda de pop también llena de amigos. Olivia comía patatas fuera, en la calle, pero al intuir que la cosa iba a empezar, ella y yo nos fuimos para adelante y nos sentamos al ladito del micro, casi tocando con los pies las lucecitas que rodeaban la alfombra. Tú estabas un poco más atrás, y nos trajiste gusanitos. Me levanté torpemente un instante y le pasé mi cerveza a Hino (guárdamela // sí, claro!). La tienda estaba llena, como siempre, pero desde el suelo,  yo solo veía a Laura, a Nele, a Eloy – los Neleonard en formato acústico – y a Olivia. El concierto iba avanzando a medida que el público sacaba papelitos de una bolsita con el nombre de las canciones. Sentada al lado de Olivia, Carmen Navio sacó el primero: Casi cuela.

Olivia ya había visto conciertos en Ultra-Local y también en otros lugares, con un nivel de atención e interés bastante elevado, pero lo del sábado – quizás ya por edad, por madurez, los dos años – fue muy emocionante. Desde Casi Cuela, Olivia estuvo pendiente del concierto. Comía gusanitos, le daba a Carmen y aplaudía cuando acababan las canciones. De vez en cuando se giraba, me miraba y señalaba la guitarra, o la pandereta. Bailaba con timidez. Se movía incluso con cierta elegancia noventera, como una pequeña indie primera época. Miraba como cantaba Laura, observaba la guitarra de Nele y – muy especialmente – analizaba los movimientos de pierna de Eloy a los teclados. Entonces dejaba la bolsa de gusanitos, se levantaba y empezaba a mover la pierna como él. Luego se sentaba de nuevo y buscaba su bolsa. Sé que no te gusta que coma gusanitos, pero gracias por comprar la bolsa grande. Las canciones llenaban Ultra-Local de delicado pop orquestal, pero a lo lo-fi. Desde allí abajo, detrás de varias cubetas de vinilos, veía a algunas personas a mi derecha, absortos, disfrutando y cantando las preciosas melodías de Neleonard. Más papelitos, más canciones. Mi mentira favorita, La más alegre. “Perdido en lo más profundo, perdido en lo más profundooo…” Los teclados de Eloy eran euforia pura. Sus piernas también, y desde abajo, Olivia volvía a dejar la bolsa y a incorporarse para bailar. Clavaba el pie en el suelo y movía la rodilla con velocidad hacia adelante y hacia atrás. “Bavooooo”, gritó al final.

Alguien sacó Agosto. Eloy sacó un huevito: tiquitiquitiquitiquiti… Olivia lo miró varios minutos, sin pestañear. Su cerebro mandó un mensaje interno: “vull això”. Ella aún no lo sabía, pero dos días después, el Tió le cagaría un huevito musical. Carmen Navio lanzaba gusanitos al aire y los atrapaba con la boca. Olivia lo intentaba; yo también, pero ninguno de los dos lo logró. Yo no te veía, pero tú nos mirabas desde un poco más atrás. He visto muchos conciertos de Neleonard, he visto muchos conciertos en Ultra-Local, incluso he visto muchos conciertos con Olivia. Pero me quedo con este. Me quedo con esa mañana de domingo en Ultra-Local. Concert de Nadal + Caga Tió. Olivia salió de allí con tres ranas y dos globos que le dio Chamorro. Por cierto, al salir, un tipo me dijo “vinga, bones festes, t’he deixat discos per la panera”. Yo no entendí nada, pero le dije “igualment, gràcies”. Tengo el mismo pelo que Chamorro. Soy de allí.


 


 

 

 

 

 

 

 

 

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