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A veces resulta difícil ponerse en la cabeza de Joe Moore. ¿Cuándo es el momento para un disco de SUNLIT? ¿Cuándo para THE PERFECT KISS? ¿Cómo decide si una nueva canción es para THE YEARNING? ¿Ocurre todo a la vez? ¿Se mezcla todo esto con sus producciones para otras artistas, como Cristina Quesada, MARINITA PRECARIA, Lia Pamina o la propia Maddie Mae? Lo que está claro es que esa cabeza está llena de genialidad y fantasía.
En este nuevo disco de THE YEARNING continúa donde lo dejó en “Evening Souvenirs”, y se mete de lleno a cosechar una serie de ejercicios de estilo que van desde el bolero hasta el chachachá pasando por la bossa nova, el Lindy Hop, la chanson francesa, el jazz progresivo, el folk e incluso los sonidos de Broadway para dotarlos de su toque personal e inconfundible. Este nuevo álbum es un tratado de melomanía y lounge music que rinde pleitesía a Vinicius de Morães, Burt Bacharach, Dusty Springfield, Blossom Dearie, Eydie Gormé y LOS PLANCHOS, Doris Day, Evie Sands, João Gilberto, Stan Getz y otros tantos artistas que hacían de la melodía un arte al jugar con los arreglos y los ritmos con una elegancia que hoy resulta difícil de encontrar. Además, toca decirlo, en este álbum la guitarra española gana un protagonismo especial.
En “The Rush Of Love” parece que cada tema propone un viaje musical distinto. La canción titular, que además abre el disco, lo hace acompañada de la mano de Nara Leão, Astrud Gilberto y Joyce (¡cuántas encarnaciones maravillosas nos descubre Maddie Mae en este disco!). “Love You For Longer” te rompe el corazón, como lo hacían Sandie Shaw, Linda Scott y THE PARIS SISTERS, gracias a ese fiscorno maravilloso que nos recuerda que estamos dentro de un sueño. “When The Morning Comes” es Lindy Hop, un swing maravilloso que Jacques Demy habría incluido en cualquiera de sus musicales (¿En “Las Señoritas de Rochefort”?) o que Jimmy McHugh habría incorporado encantado a su repertorio. “Butterflies” es un chachachá que suena dulce, como si estuviera susurrándonos en la boca de Marilyn Monroe, y ya estamos rendidos, antes siquiera de saberlo, en la orilla de una playa dominicana con una luna dibujada. “In A Heartbeat” podría ser el Bacharach más luminoso o, como dijimos en su momento, la prueba de que Joe y Maddie son la mejor encarnación posible de la química ultraterrenal de la que hacían gala Lee Hazlewood y Nancy Sinatra. “Music To My Ears” es otro viaje exquisito y delicioso a Brasil de la mano de João Gilberto, Wanda Sá, Caetano Veloso y Lani Hall. Y “The Weight Of The World” cierra la primera cara con sobriedad, introspección y evocación, con un sobresaliente protagonismo de la guitarra española.
“Love Me (Like You Do)”, una canción eterna, única y celestial, crea un triángulo imposible entre Ry Cooder, Claudine Longet y Jack Nietzsche. “Hiding To Nothing” es una delicia acústica cuyo inicio se parece a una canción de MAZZY STAR que poco a poco se descubre como una evocación fronteriza con un estribillo inolvidable. “So Easy” nos trae el espectro soul de Dionne Warwick y, cómo no, podría ser la banda sonora perfecta para una de las más distinguidas películas de James Bond. “My One, My Only” es una de esas fantasías musicales coloristas de folk con ascendencia bossa que bien podrían haber cantado Petula Clark, Twinkle o Bobbie Gentry y que tan bien luce en la voz de Maddie Mae. Al igual que “A Story Of Happiness”, que además tiene ese deje de jazz tropical que habría enriquecido y vitaminado la banda sonora de “La La Land” sin ningún problema. “Warning Sign” navega entre la música afrocubana y el mambo como lo harían Sandie Shaw o Eydie Gormé. Y el cierre del disco, “The Echoes Of Your Love”, podría ser una nueva oportunidad de Dusty Springfield para tener en sus manos una de las grandes composiciones de Burt Bacharach, como si “The Look Of Love” (¿coincidencias?) tuviera una hermana pequeña, renovada y actualizada, pero igualmente estilosa, nocturna, íntima, emocionante y con un juego armónico que (atención, músicos) debería estudiarse en las escuelas. ¡Qué maravilla!
No sabemos lo que bulle en la cabeza de Joe Moore, pero no nos cabe duda de que es uno de los compositores más increíbles de la actualidad. Resultaría difícil encontrar otro nombre capaz de desarrollar semejante catálogo en cuanto a cantidad, calidad, diversidad estilística e inspiración en todos estos años en los que el británico ha sacado discos. Y esta fórmula ganadora asegura su culminación cuando la voz cantante pertenece a Maddie Mae.
“The Rush Of Love” es un disco perfecto: no hay ningún tema de relleno y tanto la adicción como el ritmo de escucha son máximos. No hay más que ver la ristra de nombres que ilustra y ubica en cada una de sus canciones. Os aseguramos que no hay desmerecimiento alguno. Es una gozada para cualquier amante de la música y, en concreto, del pop. No os lo perdáis.