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15/03/2010

Art?culo "La mejor enfermedad"



Bla - La mejor enfermedad

Tras su salida de Subterfuge, el cese temporal de la convivencia musical del cuarteto LKAN ha servido de vía de escape necesaria para que Belén y Luis pudieran dar rienda suelta a sus nuevas inquietudes musicales y sonoras en su proyecto Bla. Además, cumpliéndose los pronósticos más previsibles y coherentes, recalaron finalmente en el portentoso catálogo de Elefant, que publica su primer álbum, “La mejor enfermedad“, en marzo de 2010. Las inevitables conjeturas sobre si la línea de Bla apuntaría al continuismo con su anterior grupo o a la evolución en el sonido y en sus planteamientos temáticos, se decanta sin duda a favor de la tesis progresiva e innovadora. Una evolución que comenzó a gestarse en el giro algo más intimista y maduro que dieron las canciones de LKAN en su última entrega “Somos otra cosa” (2007). En el mundo de Bla, el abandono de la ironía, el desenfado y la irreverencia propia de la burbujeante escena electropop de comienzo de siglo es patente, advirtiéndose una mayor preocupación por la observación serena y reflexiva, aunque siempre ingeniosa, de las inquietudes y las pequeñas realidades cotidianas que conforman el entramado existencial tanto de sus creadores como de gran parte de su generación.

Aunque no traicionen en ningún momento su espíritu pop en cuanto a estructuras y melodías, podemos afirmar que la incorporación de nuevos instrumentos como el ukelele, con sonoridades más cercanas al folk, el uso preciso y cuidado del sample y el bajo, el magistral manejo de los arreglos o la sensible reducción de las programaciones y bases en favor de la batería son algunos de los matices más destacables sobre el nuevo sonido que Luis y Belén han querido imprimir a su recién estrenado grupo. Sin abandonar el aire retro y melancólico que respiran muchos de los temas, lo cierto es que el sonido de Bla parece moverse entre la descarnada languidez del pop intimista de La Bien Querida, el patrón indie-rock de los nuevos grupos suecos, el regusto melódico del electropop ochentero, y el inclasificable etiquetado de quien compone y publica desde la libertad más absoluta.

No obstante, el comienzo del álbum parece querer tender un puente hacia el pasado más reciente, y así, en “Tú fíjate” vuelven a dejarse llevar por los ritmos urgentes y las melodías redondas más propias de su anterior etapa, en un tono desenfadado y juguetón que evoca por momentos a Los Fresones Rebeldes, con una letra sencilla basada en cavilaciones retrospectivas sobre la superación personal de las adversidades y el afán de afrontar los retos. El ukelele (protagonista asimismo del admirable diseño artístico del disco) rompe con la serena tensión y la atmósfera sosegada que empapa “Te espío y te archivo”, una insólita canción de amor con sutiles arreglos, mientras que “La mejor enfermedad”, basada en un sample de los años 60, destaca por el arrebatador y chispeante sonido de trompetas que la surcan de principio a fin, amenizando la letra pausada y obsesiva. En la misma línea melancólica se sitúan los elegantes arreglos de cuerda en “La lluvia, el viento y los contratiempos”, o los silbidos sintetizados de “El señor de ese bar”, ambos temas reflexionando sobre los pequeños sinsabores cotidianos que tan negativamente pueden condicionar el estado de ánimo, o hundirte directamente el día. Aunque sin duda, es la delicada inmediatez y honestidad de “Yo soy como Portugal” uno de los momentos impagables del álbum, un emotivo medio tiempo en clave techno pop que cautiva desde el primer instante por su melodía melancólica y su inteligente letra sobre la autovaloración personal.

También aparecen momentos más intensos en “Como seremos“, donde el dúo vuelve a recuperar el ritmo expeditivo y la agudeza imaginativa característica de LKAN, con una nostálgica guitarra introduciendo una interesante batería de reflexiones espontáneas que a cualquiera nos pueden asaltar sobre nuestros planes futuros. Tampoco pasa desapercibida la ingeniosa comparativa que hacen en “Los exnovios” entre las prendas desfasadas del fondo de armario que nos resistimos a tirar con relaciones pasadas de las que cuesta olvidarse, pese a estar ya más que superadas. O la dulce languidez en su reflexión sobre aspectos aparentemente insignificantes del día a día en “Mira lo que se oye cuando nos callamos”. Conscientes de tanta dosis de reflexión, añoranza y realismo, parecen querer levantar el ánimo con un radical cambio de registro sonoro en la recta final del álbum, donde se atreven a samplear a Rafael para engalanar el pomposo inicio de la apoteósica y bailable “Siempre hay una más”, impregnándola de un irresistible aire de guateque sesentero, que contrasta gratamente con los resquicios de aquel technopop entusiasta de su grupo matriz que afloran en “La canción que no llegó a serlo”, con un divertido vocoder y atrayentes líneas de teclados, para cerrar un álbum espléndidamente elaborado, y a la vez fresco, personalísimo y altamente contagioso.
DJ Farrow
 





Bla [Viva el pop]
foto: Archivo Elefant



Bla [Viva el pop]
foto: Archivo Elefant

 


 

 

 

 

 

 

 

 

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