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27/09/2019

Muzikalia [Es]: "Brujería" Review



La Bien Querida – Brujería (Elefant Records)

Sabrina Spellman es una bruja mainstream, cuyas viñetas en Archie Cómics nos retrotraen a lo yeyé, el pop-art y argumento naíf muy de la época. Pero, hace unos años, Roberto Aguirre-Sacasa le dio un giro y lo que antes era dulzura y tonalidad warholiana, tornó en escenas sexuales, oscurantismo y hasta terror del grueso. No, no se escamen, que hablaré sobre La Bien Querida (recuerda nuestra reciente entrevista aquí) y su disco Brujería (Elefant Records, 2019) porque, en el fondo, tienen mucho que ver. Me explico.

Es Brujería una obra que no supera los 40 minutos, pero trae consigo algo de lo que las nuevas aventuras de la Señorita Spellman poseen; usar la magia y los hechizos para sobrellevar el auge del extremismo que nos habita. Y tanto Sabrina como La Bien Querida tienen un pacto con el mismísimo Belcebú -o con la Reina de las Brujas-. La primera por argumento, la que nos atañe porque no es normal que su voz siga sonando igualica tras una década de aquel primer Romancero (2009) que la alumbró.

Por seguir en la senda con la obra de Aguirre-Sacasa incluso la portada se permite cierto guiño a esa bruja, versión Netflix, con gato incluido. Y aunque en la nota enviada a los medios por Madame La Discography (léase Elefant Records) sostienen que se inspira “en la mítica “Midnight Creeper” del saxofonista americano Lou Donaldson, sigo instalado en mi versión/ visión pop ¡Y de ahí no me muevo! Pues la música es también eso; cada cual que aprenda su juego. Soy así, no tengo más costuras.

Y ya hablando estrictamente de Brujería, ¿Qué ofrece? Sinfonías para tiempos revueltos, encantamientos a modo de melodías e invocaciones a sus referentes musicales, mayormente vivos; por allí desfila un Robert Smith contoneando sus manos al ritmo de “Just Like Heaven”, unos hermanos Reid aporreando la guitarra en Psychocandy, un Colm Ó Cíosóig a la batería de los My Bloody Valentine y hasta Andy McCluskey y Paul Humphreys de OMD al son del sintetizador.

Dice en Nubes negras “nos besábamos como en las películas, nos queríamos como en las canciones” y esa podría ser la sinopsis del disco; todo está hecho para sacarnos del atolladero mundano aunque sea a base de magia (musical) negra. Desde la intro hasta el final entramos en un tornado con destino a Oz presidido por una bruja verde con flequillo al alimón, rodeada de mucho synth-pop y bastante shoegazing.

Eso sí, va de amor. Mucho amor. A cascoporro. Ya lo anunció ella en el magnífico concierto del pasado 4 de julio en el CAAC de Sevilla, a lo que David exclamó; “¡Qué sorpresa!”. Antes de meternos de lleno, una cosa; lean y disfruten del libreto. Algo que siempre cuida Ana al mínimo detalle. Lo componen unos dibujos y esquemas inspirados en el tarot y, por supuesto, en las artes oscuras; leit-motiv de la obra. Y otra cosa cuqui del mismo, al final de cada letra podrán leer unos consejitos a modo de conjuro para sacar tu lado sortiarius, por si lo tenías abandonado.

Que La Bien Querida es una manufacturera de la música no hace falta ni decirlo. Que saca la tonalidad perfecta para que la canción suene nueva, fuerte y enigmática; también. Pero lo que con esta obra ha demostrado es que, desde aquel Romancero  hasta esta Brujería (10 años ni más ni menos) tiene en su haber un repertorio que no sabemos dónde puede llegar de seguir en esta racha. Rosalía, al quite.

Tras unas breves invocaciones en modo hechizo, llega “La verdad”; un susurro que guiña a la Lana del Rey en modo melancolía, pero pasada por el tamiz bienqueridier. La siguiente es una canción donde “Te quiero” – justamente así titulado-, es repite la cantidad exacta de 46 veces, una cifra taumatúrgica odiada por las brujas al rememorar los libros que componen el Antiguo Testamento, ¿Casualidad? “Déjame entrar” encadena la voz de Ana con la de su crush y suena a hechizo para invocar, a dos voces, al mismo Cthulhu. “¿Qué?”, el primer single, somete a Diego Ibáñez –Carolina Durante– a la onda New Order para luego terminar ambos en un festín trash-punk. “Miedo” es evocación pura y dura de guante blanco y muy en su línea. “Me envenenas” entra al trote rave versión vudú; sacrificio ritual incluido. Pienso que “Nubes negras” podría encajar perfectamente en final de temporada de Paquita Salas cuya tercera se nutrió de dos trallazos de este aprisco (concretamente “Dinamita” y “Los jardines de marzo”)Javis, al loro con esto. “Domingo Escarlata” comienza con sonidos Barry White para tornar en un dueto con J que, de todo, menos R&B soulero… “Morderte” es purito My Bloody Valentine para hacerte gritar a bocajarro y levantando el dedo eso de “¡Temaaaarraco!”. Finaliza con “La Fuerza”, donde vuelve a empaparse del espíritu “De momento abril” teniendo, por tanto, la única concesión a la nostalgia y parece un guiño para ese disco que ya tiene dos lustros; y parece que fue ayer cuando lo compré.

Tanto a la batería, como a las guitarras del LP vienen de parte de las mocedades que conforman Axolotes Mexicanos, Confeti de Odio y los Carolina Durante y de ahí de nuevo chupando la frescura ajena. La Bien Querida tan Dorian Gray. El disco está producido íntegramente por Carlos René, y suena tan fresco que hasta uno rejuvenece al terminar de oírlo.

Por ello decir que están ante una obra de arte de esta artista genialoide, que ha unido fuerzas con una parva de punks, destroyers y chicos malos para conseguir crear una obra algo atemporal (otra más en su carrera y van ya…). Así que, como súbditos y fervorosos creyentes de esta secta, gritemos al unísono, pero sin sacrificio animal de por medio; ¡Salve Bien Querida, reina de la iglesia de la noche!


 


 

 

 

 

 

 

 

 

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