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12/03/2018

Mondo Sonoro [Es]: "Foto Aérea" interview



Ibon Errazkin publica este mes de Marzo, “Foto Aérea” (Elefant Records, 2018), su nuevo disco en solitario. Gratísima noticia para todos los que seguimos su larga y fructífera trayectoria desde los míticos tiempos de Aventuras de Kirlian. El caso es que, acostumbrados ya a verle siempre junto a Teresa Iturrioz en ese fantástico dúo llamado Single, casi habíamos olvidado esta faceta suya más íntima y privada. No en vano, y aunque nos pueda parecer mentira, han pasado ya 15 años desde su anterior disco en solitario, “Escuela de Arte” (Elefant, 2003). Este es un Ibon diferente, y es el mismo Ibon de siempre: en su disco más clásico y al mismo tiempo más inclasificable; el más aparentemente accesible y el más profundamente exigente. Quizá el más bello; el tiempo lo dirá. Ibon en estado puro, en cualquier caso, en su música y en esta interesante conversación que hemos mantenido…

Hablemos precisamente de todo ese tiempo trascurrido, para empezar. ¿Qué dirías que ha cambiado entre el Ibon de 2003 y el de hoy y de qué modo ha afectado eso a la concepción y la elaboración de “Foto Aérea”?
El mayor cambio ha sido poder grabar el disco en casa, que es algo que en 2003 ni sabía hacer, ni tenía equipo para ello. Cuando empecé a grabar ‘Foto Aérea’ tenía una idea muy clara de cómo debía sonar y de cómo debían relacionarse las canciones entre sí, pero aparte de eso no tenía más que dos o tres melodías, era todo un poco vago… Es un disco que me lo he ido inventando por el camino, y eso no lo puedes hacer en un estudio de grabación profesional, con el reloj corriendo y un técnico delante.
Lo más parecido que he vivido a eso en un estudio fue la grabación de ‘Satélite 99’ de Ana D, que es un disco que quedó muy bien pero también pudo ser un desastre, porque fue todo bastante improvisado. Eso hace que haya mucha tensión en el estudio.
En cambio, con ‘Foto Aérea’ he podido ir tanteando hasta llegar a lo que quería. Hay tres canciones que decidí regrabar por completo cuando ya estaban mezcladas. Grabé también una versión de Burning Spear, pero al final decidí no meterla. Si lo hubiera hecho con prisa y en un estudio profesional, todo eso estaría ahora en el disco y sería una pena.

Como bien apunta la nota de prensa, el disco tiene un aliento más clásico (en ocasiones percibo incluso un aire de “standard” jazzístico) y melódico. También más desnudo y menos dependiente de una banda acompañante como la que existía en los discos anteriores. Es tentador pensar que se trata de un ejercicio más íntimo, más real, en el sentido de que refleja quién es Ibon con mayor claridad y profundidad, como si fuera la música que te ha gustado desde siempre y más adentro llevas en ti. ¿Lo ves así tú también?
I: Sí, yo me siento muy representado por este disco. Los anteriores reflejaban más la música que me gustaba en aquellos años, pero en este no veo ninguna influencia concreta, o solo alguna cosa puntual. He estado varios años pensando en él antes de grabarlo, igual eso se nota. Curiosamente, creo que es el más asequible y a la vez el más experimental de mis tres discos.

El texto que Damon Krukowski ha escrito para la nota de prensa es muy bello y ofrece algunos puntos de vista realmente sugerentes. Tengo curiosidad por saber cómo surgió esta posibilidad. Admiro mucho la libertad artística con la que trabajan Damon & Naomi y la sensación de que todo lo que hacen, por ligero que parezca, está lleno de pequeñas referencias, pistas y claves por descubrir, fruto de su amplísima cultura musical y artística. Y es en esta actitud donde especialmente veo una conexión más clara contigo, más que en la música en sí. ¿Estás de acuerdo con esta apreciación?
I: Fui yo el que le pidió a Damon un texto para el disco, porque cuando empecé a grabarlo le mandé las primeras premezclas y me animó mucho a continuar, y también porque escribe muy bien, claro. A D&N los conocí en los noventa una de las primeras veces que vinieron a España. Poco después fui con Ana D a Estados Unidos y en Boston tocamos con ellos, y desde entonces hemos mantenido el contacto. Me encanta su actitud hacia la música, es totalmente natural, en el sentido más literal. Están entregados a su oficio, no piensan en nada más. Hay algo un poco zen en lo que hacen, yo creo que por eso tienen tantos amigos en Japón y actúan tanto allí. No sé si en eso me parezco a ellos, pero sí nos une mucho el interés por algunos músicos, escritores y países. Ellos son fans de Mikel Laboa, de Jose Afonso y de grupos marroquíes de los 70 como Nass El Ghiwane o Jil Jilala, y eso es muy raro entre músicos norteamericanos. A veces les mando discos españoles que pienso que les pueden interesar.
También tienen una editorial, Exact Change, y en ella publicaron en su día a Denton Welch, un escritor al que adoro. William Burroughs lo citaba siempre como una gran influencia, pero no había manera de encontrar sus libros. Hace unos años Alpha Decay tradujo algunos de ellos al español.

M: Por cierto, ¿has leído el libro de Damon recientemente editado (“The New Analog “)?
I: Sí, me gustó mucho. Dice cosas muy concretas sobre ese tema, no son los clichés de siempre sobre lo analógico y lo digital.

M: Cito aquí el propio texto de Damon: “Foto Aérea emerge ante nosotros como si observáramos el suelo desde lo alto, incapaces de distinguir los detalles, hasta que poco a poco nuestros ojos se van acostumbrando y los rasgos del paisaje empiezan a dibujarse con claridad. Y ya no podemos dejar de mirar, porque cada vez vemos más.” Y añade “Las elegantes frases de guitarra de Ibon Errazkin son como ese mirlo: melodías que retornan una y otra vez, pero sin llegar a repetirse del todo. Se posan, se toman el tiempo suficiente para que las reconozcamos, y vuelven a alzar el vuelo. El efecto es cubista, refractado; abstracto, pero formado por elementos reconocibles”. Es difícil expresarlo mejor que Damon y estoy totalmente de acuerdo con él. En tu caso también hay una aparente sencillez y austeridad en el planteamiento, que esconde una compleja construcción que acaba adueñándose de nuestra atención y de nuestros sentidos. ¿Cuál es el proceso que has seguido para componer y ejecutar estas piezas para el disco?
I: En este disco quería cuidar mucho el tempo, o la cadencia, no sé cómo llamarlo… me parecía algo tan importante como las melodías o los arreglos. Casi toda la música que oímos ahora se graba con claqueta y los tempos son siempre muy rígidos. Es como si estuvieras remando en las galeras y tuvieras un negrero al lado tocando el tam-tam sin parar. Por eso quería que mis canciones tuvieran pausas, subidas y bajadas, que no fuera un 4×4 constante. Igual es una reacción contra el mundo en el que vivimos, donde todo está muy mecanizado. Últimamente noto que cada vez oigo más música clásica, y creo que es por el ritmo, que suele más libre y tiene más matices.

M: Eso me lleva a pensar que, en el fondo, es un disco que exige una predisposición del oyente para no quedarse en la superficie y focalizar su atención para captar esos detalles que lo hacen especial. ¿Te consideras un artista “exigente” con tu público? O quizá ¿puede ser que tu música funcione a diferentes niveles en función de la actitud del oyente?
I: Bueno, yo propongo algo, y cada cual verá si le interesa o no. Hay discos que no puedes disfrutar del todo en una primera escucha, pero intuyes que si les dedicas tiempo te acabarán gustando mucho, y a mí eso me encanta, como músico y como fan. Me gusta que las canciones tengan varias “capas”, por así decir.

M: Más citas de Damon: “Las voces, cuando aparecen, se adentran en el paisaje como viejos amigos surgidos de la niebla”…” Y por último, nos decimos “buenas noches” en ese lenguaje privado que compartimos con ellos.” Estas palabras sugieren una cierta vuelta al pasado en sonido del disco, aunque con un cierto giro “lynchiano” y misterioso. Quizá este disco puede remitir más a Le Mans o incluso Aventuras de Kirlian que a tus otros discos en solitario y a los que has hecho con Single. ¿Ha habido una cierta vuelta intencionada a tus orígenes en el sonido y en el concepto de “foto aérea”? ¿Como si tú también hubieras hablado en sueños con Ibon, Teresa y compañía de aquellos tiempos? (aprovechando la bella imagen sugerida por Damon)
I: No veo muy claro lo de las comparaciones con Le Mans o Aventuras, pero sí creo que todo lo que he hecho con Teresa tiene una especie de filtro por el que no se habrían colado cosas que he hecho en mis discos instrumentales, ni tampoco el tipo de música que grabábamos Javi Pez y yo como Instrümental, por ejemplo. Igual esta vez soy yo el que ha aplicado ese filtro, porque a mí Teresa me ha influido mucho. Y aunque el disco lo haya hecho solo, seguro que he interiorizado sus ideas sobre la música y las cosas del arte en general.

M: Has hablado varias veces en previas entrevistas sobre el acceso ilimitado a músicas de todas las épocas y estilos que nos posibilita internet y la manera en la que eso afecta a la creatividad de los artistas. A diferencia de los años 80 o 90 en los que todo estaba mucho más restringido. Sin embargo, esa capacidad universal se puede volver en contra del creador, ya sea por pura imitación de patrones o por verse bloqueado al no poder decidir por qué camino tirar. Es un tema que me interesa mucho y a menudo llego a la conclusión de que es necesario autoimponerse ciertas limitaciones a la hora de trabajar. A mí al menos es una opción que me funciona en muchos ámbitos. Tengo la sensación, por la naturaleza del disco, que ha habido cierta autolimitación por tu parte a la hora de elaborar tu música o puede, quizá, que todo sea más impulsivo y se haya tratado de dejarte llevar por lo que realmente te apasionaba en ese momento. ¿Cuál es tu punto de vista?
I: Para eso hay que echar mano de la intuición, porque no hay ninguna norma que te diga qué hacer. Uno puede mezclar un montón de estilos y le queda muy bien, otro va y lo hace mismo y chirría mucho… tiene que ver con la naturalidad, o con la sinceridad, no sé muy bien.

M: Me gusta mucho eso que comentas a veces de que no siempre es necesario mostrar buen gusto y elegancia. Estoy completamente de acuerdo y de hecho es algo que creo que con Single lográis de una manera muy excitante. Me refiero a estar muchas veces al borde del mal gusto, de lo “feo”, y ser precisamente más extrañamente atractivos por ello. Es un equilibrio muy fino que creo que domináis con maestría.
I: Es que muchas veces hace falta un contrapeso. Es como lo que cantaba Carlos Berlanga en ‘Deja la lujuria un mes’: para hacer un perfume necesitas grasa, fluidos y piel, con la putrefacción se hace un queso francés… La fealdad es un ingrediente más.

M: Por otro lado, esto también me lleva a algunas impresiones que a veces has compartido sobre la excesiva “corrección” e “inercia” de muchas bandas empeñadas en seguir y respetar determinados patrones, porque sí, porque se hace así, sin más. Vosotros (Le mans, single y tú sólo) siempre habéis mostrado una tendencia a experimentar, a buscar sonidos y combinaciones novedosas, dentro del formato pop, sin llegar a lo que se considera “música experimental” habitualmente. ¿Qué otros músicos ves en la actualidad que también sigan esta senda y se alejen de los patrones establecidos?
I: Lidia Damunt, Garbanzo (él solo o con Diploide), Hidrogenesse… Igual no dirías de ninguno de ellos que son experimentales, pero todos tienen su propia manera de hacer canciones pop y de seguir sorprendiendo, mucho más que otras cosas que se anuncian como “experimentales”. Otro disco español que me encanta y me parece muy libre es ‘Hiperasia’ de El Guincho, me suena muy personal y muy distinto a toda la música electrónica que hay por ahí.
De fuera me gustaban mucho Sun Araw y Dean Blunt, pero últimamente les he perdido un poco la pista, será porque el año pasado estuve muy concentrado en mi disco.

M: Esto lo aplicaría tanto a los discos como a los directos, otro aspecto muy trabajado en Single, que se aleja de los estereotipos. Alguna vez has mencionado que no te atraen mucho los directos en general, que te parecen rituales bastante artificiales, y la verdad es que estoy bastante de acuerdo contigo. ¿Destacarías algo últimamente?
I: Hace poco vi en la Casa Árabe de Madrid un concierto fantástico de Pedro Burruezo. Se ha convertido al sufismo, la rama más mística del islam, y canta a poetas de esa tradición, pero también reinterpreta canciones populares y poemas de la literatura española desde esa perspectiva. Fue muy intenso y muy emocionante; después me compré Dervishes & Troubadours, el disco que estaba presentando.

M: Dijiste en cierta ocasión que “Le Mans/Ibon/Single expresamos imágenes” y no puedo estar más de acuerdo. En ese sentido los videos y la imaginería de Gabe Ibáñez me parecen un complemento delicioso de tu música. ¿Por qué Gabe y cómo llegáis y trabajáis con él? Curiosamente, por otro lado, dices que no te gusta mucho componer para imágenes previamente filmadas, como haces de modo profesional en cine y publicidad. ¿Qué es diferente a la hora de trabajar con Gabe?
El vídeo que ha dirigido Gabe salió por casualidad. Yo le puse un día “Foto Aérea” cuando el disco estaba aún a medias, sin más intención que enseñarle lo que estaba haciendo. A él le gustó mucho y me propuso hacer un vídeo para la canción. Lo que más le preocupaba era evitar las asociaciones más tópicas que le venían a la cabeza cuando la escuchaba (el Mediterráneo, el verano…); buscó una forma de llevar la atención a lo que ocurre dentro de la música, y creo que lo consiguió, estoy muy contento con el vídeo.
Sobre componer música para imágenes filmadas, ¡no tengo nada en contra! Lo que no me gusta es hacer pastiches de otras canciones, que suele ser lo normal en publicidad. Me gustaría hacer bandas sonoras, pero es un mundo lleno de convenciones y es difícil escapar de ellas. Gabe intentó que hiciera la música de su último largo, Autómata, pero a los productores de la película no les convencía nada mi perfil… Querían a un profesional.

M: Para acabar, has dedicado un tema al gran Josetxo Anitua ¿cómo surgió la idea?
I: Cuando estaba grabando ‘Las descripciones’ me solía acordar de Josetxo. Creo que le habría gustado. Él grababa cosas en su casa experimentando con frecuencias y ondas, le interesaba mucho toda esa parte teórica del sonido. Esta canción me recordó a aquellos experimentos suyos, que por cierto no creo que lleguemos a oír nunca, porque que yo sepa no los tiene nadie.


 


 

 

 

 

 

 

 

 

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